Los efectos de eventos climáticos extremos pueden trasladarse a los estados financieros de
sectores como pesca, agricultura, minería, energía, transporte e infraestructura.
Cuando se analiza el impacto del Fenómeno El Niño, la
atención suele concentrarse en los daños a la infraestructura, las interrupciones operativas o
las pérdidas productivas. Sin embargo, existe una dimensión menos visible que también puede
tener efectos relevantes para las organizaciones: el impacto financiero y contable derivado de
estos eventos.
Según EY Perú, los efectos del Fenómeno El Niño pueden reflejarse en distintas estimaciones
y mediciones incluidas en los estados financieros de las empresas, particularmente en sectores
expuestos a la variabilidad climática, como la pesca, agricultura, minería, energía, transporte o
infraestructura.
«Los impactos de estos eventos no se limitan a las operaciones. Dependiendo de las
circunstancias de cada organización, también pueden tener ciertos efectos sobre determinadas
estimaciones financieras tales como el valor razonable, los importes recuperables y las
expectativas de generación futura de flujos de efectivo», señaló Iván Frías, Socio de Auditoría
de EY Perú.
En el sector pesquero, por ejemplo, Frías indica que las alteraciones en la disponibilidad de
biomasa, los volúmenes de captura o los períodos de pesca autorizados pueden influir en las
perspectivas de rentabilidad futura de algunos activos vinculados a la operación. Esto adquiere
especial relevancia cuando existen cambios significativos en la utilización esperada de
embarcaciones, plantas industriales, infraestructura o activos intangibles relacionados con
determinadas líneas de negocio.
En agricultura, los efectos pueden ser aún más amplios debido a su impacto directo sobre la
productividad y la calidad de los cultivos. Factores como inundaciones, temperaturas extremas,
plagas, enfermedades o exceso de humedad pueden afectar variables utilizadas para el cálculo
del valor razonable de los cultivos clasificados como activos biológicos, así como generar
pérdidas relacionadas con inventarios en cosecha cuando se vea comprometida la calidad o
comercialización de esta.
Asimismo, los efectos financieros pueden extenderse más allá de los activos directamente
afectados. Entre ellos figuran contingencias asociadas a incumplimientos contractuales,
retrasos en entregas, controversias con proveedores, renegociaciones comerciales,
penalidades, mayores obligaciones ambientales o incrementos en el riesgo de crédito de
clientes impactados por el evento climático.
De acuerdo con el ejecutivo de EY, a medida que la exposición de las empresas a eventos
climáticos extremos aumenta, cobra mayor relevancia comprender cómo estos riesgos pueden
reflejarse no solo en las operaciones, sino también en la información financiera que luego será
utilizada por inversionistas, accionistas y otros grupos de interés.
“En un contexto de creciente volatilidad climática, la diferencia entre preservar o afectar el valor
puede depender de una sola capacidad: anticipar los riesgos. Porque cuando llega El Niño, el
mercado no solo mira las lluvias; también observa sus impactos en los estados financieros. El
Fenómeno El Niño ya no forma parte únicamente de la conversación climática. Para muchas
empresas, sus efectos pueden alcanzar aspectos centrales del desempeño financiero y de la
lectura que el mercado hace sobre su situación y perspectivas futuras», concluyó Frías.
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